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Aquel 10 de enero

Por Freddy González

 

"Hay que recuperar, mantener y transmitir la memoria histórica, porque se comienza con el olvido se termina con la a indiferencia"

José Saramago

 

Enfrentarse a Rafael Leónidas Trujillo Molina, el hombre que gobernó el país por 31 años con manos de hierro, sembrando de cadáveres y enlutando a todas las familias dominicanas, no era obra de cobardes de genuflexos ni de pusilánimes.

Trujillo que comenzó traicionando a su protector el presidente Horacio Vázquez quien lo hizo jefe del ejército, aliándose con los propiciadores del llamado movimiento cívico encabezado por Rafael Estrella Ureña, era una especie de demonio salido del Averno.

Estrella Ureña buscaba la dimisión del ya enfermo presidente Vázquez lo que logró con la anuencia de Trujillo que mantuvo las tropas llamadas a defender el gobierno en un estado de inercia facilitando los planes de los golpistas.

Consumado el golpe, traicionó a Estrella Ureña y se presentó como candidato presidencial en la fórmula Trujillo – Estrella Ureña, obligando a este a ocupar la posición de vicepresidente, el cual tuvo que abandonar el país por años para regresar bajo el escarnio de la humillación y el maltrato de quien había ayudado a llegar al poder.

Los crímenes y el terror fueron sus armas favoritas para mantener y consolidar su estadía en el poder.

Dentro de sus primeras víctimas se encuentran Virgilio Martínez Reyna, asesinado el 1 de junio junto a su esposa Altagracia Almánzar quince días después de haberse impuesto en las elecciones del 16 de mayo del 1930.

Les siguieron Cipriano Bencosme asesinado el 30 de noviembre del mismo año, Desiderio Arias asesinado el 20 de junio del 1931, entre decenas que corrieron la misma suerte en los dos primeros periodos de gobierno.

Aunque la matanza ocurrida en la primera semana de octubre de 1937 le cerró la posibilidad de gobernar un tercer periodo consecutivo, siguió ejerciendo el poder absoluto a través del presidente títere como Jacinto Bienvenido Peynado y Manuel de Jesús Troncoso de la Concha como vice; que solo ejecutaban las órdenes que le llegaba del despacho del generalísimo que nunca dejó de funcionar en el Palacio Presidencial.

Regresó sin ningún subterfugio, asumiendo públicamente el gobierno, porque el poder siempre lo tuvo, por 10 años consecutivos del 1942-1952, dejándolo a partir de esa fecha hasta la hora de su ajusticiamiento en las manos de su hermano Héctor Bienvenido acompañado del más conspicuo de sus servidores el Dr. Joaquín Antonio Balaguer Ricardo.

Su dictadura traspasó los límites de nuestra frontera persiguiendo a sus oponentes nacionales y extranjeros en todo el continente.

Los casos como él de Sergio Bencosme, (1935), Mauricio Báez (1950), Andrés Francisco Requena (1952), Manuel de Jesús Hernández (Pipi) (1955), Pablo Martínez (1958), como el de los españoles Jesús de Galíndez (1956), José Almoina Mateos (1960), secuestrados y asesinados por orden expresa del dictador, muestran hasta donde llegaba el brazo largo de la dictadura.

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Autoproclamado el campeón del anticomunismo en América y el Caribe, convirtió el país en receptáculo de los más grandes dictadores del área.

Recibió a Juan Domingo Perón, derrocado en Argentina en 1956, a Gustavo Rojas Pinilla, derrocado en Colombia en 1957, a Marcos Pérez Jiménez, derrocado en Venezuela en 1958 y a Fulgencio Batista, derrocado en Cuba en 1959.

De igual manera se involucró en la muerte del coronel Carlos Castillo Armas en Guatemala (1957), y en el atentado contra el presidente de Venezuela Rómulo Betancourt (1960).

En el país no quedó una provincia sin una víctima mortal de la dictadura, y pocas familias no lucieron un crespón negro por la muerte de algún pariente.

Los presos y los exiliados se contaron por centenares y todo el país se postró a sus pies.

Un coro de aduladores, lisonjeros, alcahuetes, halagadores, zalameros, adulones, turiferarios inundó el país. Muchos intelectuales se disputan la titularidad del más servicial personero del régimen.

Muestra de esto fueron la retahíla de títulos de alabanzas concedido al jefe comenzado con el de Generalísimo, otorgado de por vida por el Congreso; seguido de nombrar la ciudad capital como ciudad Trujillo. Después vino Padre de la Patria Nueva, Benefactor de la patria, Primer Agricultor, Primer Maestro, Dr Honoris Causa de la Primada de América.

Su servicio de inteligencia y caliesaje operaba en todas las embajadas de los países con los que teníamos relaciones diplomáticas, lo que le permitió tener información anticipada de los movimientos que se fraguaban en su contra como fueron el caso del frustrado desembarco de Cayo Confites en 1947, el desembarco de Luperón en 1949 y el de Constanza, Maimón y Estero Hondo en 1959, donde la embarcación Carmen Elsa fue saboteada por los marineros griegos Stelio Bellelis, agente encubierto de la CIA, y Constantin Theodoraquis, los cuales estaban trabajando para Trujillo, que no sólo retardó su llegada al país, sino que alertó sobre la misma posibilitando que las fuerzas del régimen pudieran esperar a los expedicionarios haciendo con ellos una verdadera carnicería.

Después de aplastar de la manera más cruel e inhumana a los expedicionarios del 14 y 20 de junio, la dictadura se creería consolidada y la agonía del pueblo dominicano parecía interminable.

Pero contrario a esa creencia, el aniquilamiento y la forma brutal del exterminio de los expedicionarios capturados encendió la chispa de la resistencia y para finales del 1959 el país era un hervidero de conspiraciones en su contra, donde cientos de hombres y mujeres en todo el país surgieron dispuestos acabar la larga pesadilla que había vivido el pueblo dominicano en los últimos 30 años.

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En esas condiciones había que tener además de valor convicciones firmes para atreverse a desafiar desde sus entrañas, al monstruo que había devorado todo asomo de disidencia en los últimos 30 años, donde las paredes tenían oídos, donde nadie confiaba en nadie y donde el que caía en desgracia con el jefe hasta su familia lo negaba.

Reivindicar el programa de los expedicionarios a siete meses de esa epopeya era obra de personas decididas a perderlo todo incluida la vida.

Ese grupo compuesto originalmente por doce hombres y dos mujeres hicieron acto de presencia y sin importar las consecuencias decidieron la formación de una agrupación que llevando el nombre de la gesta de junio asumiendo el mismo programa con que llegaron los hombres de la Raza Inmortal.

El 10 de enero después de algunas peripecias, llegaron a un lugar llamado Boca de Mao del Municipio de Laguna Salada de la Provincia Valverde en una finca propiedad de Charles Bogaert donde estuvieron representantes de las principales provincias donde existían células clandestinas del movimiento que partir de ese encuentro paso a llamarse "Movimiento Clandestino 14 junio", en homenaje a los cientos de expedicionarios que cayeron en esa fecha.

Dicho encuentro estuvo encabezado por el líder del Movimiento, Manuel Aurelio Tavares Justo, Minerva Argentina Mirabal Reyes, Rafael Enrique Faxas Canto (Pipe), Leandro Guzmán Rodríguez, (Esposo de Maria Teresa Mirabal). Dulce Tejada, Efraín Dotel Recio, Carlos Bogaert (Charly), Germán Silverio, Luis Álvarez Pereyra, Julio Escoto Santana, Luis Rafael Gómez Pérez, Ramón Rodríguez Cruz, Carlos Aurelio Grisanty y Abel Fernández Simó, donde quedó constituido el núcleo directivo con Manolo cómo presidente y Pipe Faxa como secretario general ambos muertos en el movimiento insurreccional del noviembre del 1963, Manolo en las Manaclas pronuncia de Santiago y Pipe Faxa en la Berrenda en la provincia del El Seibo

De ese grupo primario tengo entendido que sólo vive el Dr. Luis Rafael Gómez Pérez con una historia sin dobleces ni en los peores momentos de su estadía la fúnebre Cárcel de la 40.

Justamente una semana después de la celebración de la  histórica reunión, el lunes 18 de ese mismo mes, los agentes del más tenebroso órgano de persecución y represión de la dictadura El Servicio de Inteligencia Militar (SIM) dirigido para esa época por el más siniestro de cuanto los dirigieron, Johnny Abbes García,  desató una batida en todo el país buscando en cada provincia a todos los dirigentes y relacionados con el nuevo movimiento  llenando las cárceles de cientos de Jóvenes de  ambos sexos   y todos los extractos sociales, muchos de ellos  hijos  y familiares  de personas de la cercanía del sátrapa.

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La cárcel de la 40, la del 9 de la carretera Mella, la Victoria entre otras se vieron abarrotadas de jóvenes sometidos a toda clase de torturas y vejámenes.

En el libro Crímenes contra la seguridad Interior y Exterior del Estado Dominicano, su autor Luis Henríquez Castillo quien fue presidente de la Corte de Apelación de Ciudad Trujillo,

Establece que: "El servicio de inteligencia Militar del Gobierno Dominicano, en actuación de su deber de vigilancia de la seguridad del Estado, hizo el oportuno descubrimiento de un maleado grupo de personas que no parecían haber caído en cuenta de la gravedad de los hechos que planeaban en maniobras clandestinas";

Haciendo constar que los sometidos al juez de instrucción de la segunda circunscripción el día 26 de enero del 1960 alcanzaba la cifra de 182 personas.

La representación fue de tal magnitud que el Domingo 31 enero, la Iglesia Católica pese a la existencia del llamado CONCORDATO, emitieron la Carta Pastoral en la que "denunció la represión, la falta de libertades y el dolor en los hogares dominicanos llamando a la autoridad a evitar excesos”.

Ese documento firmado por las principales autoridades eclesiásticas, Ricardo Pittini, Octavio A. Veras, Hugo Eduardo Polanco Brito, Francisco Panal, Juan Félix Pepén, y Tomás F. O’Reilly, entre otros.  fue leído simultáneamente en todas las parroquias del país, generando una reacción violenta del dictador con la iglesia católica sobre todo contra la de la Vega dirigida por Francisco Panal y la de San Juan encabezada por Tomas F. O’Reilly

Lo cierto es que la derrota momentánea de expedición del 14 y 20 de junio de 1959 vino a despertar la conciencia nacional integrando a luchar en su contra a lo más variados sectores económicos y sociales del país muchos de los cuales fueron las bases de su sustentación.

Hoy al cumplirse 66 años de esa heroica reunión, la cuál que marcó el inicio del final de la dictadura, al rendir homenaje a ese grupo de hombres y mujeres que arriesgaron su vida por librar el país de la larga pesadilla de 30 años de trujillismo, debemos consignar que la insípida democracia que hoy disfrutamos los dominicanos en gran parte se lo debemos a ellos.

Loor eterno a los héroes y mártires que acudieron a la cita de aquel domingo 10 de enero de 1960 en la provincia Valverde.

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