Por Berny RV
No hay que ser un politólogo para darse cuenta de que Estados Unidos, con Donald Trump a la cabeza, acelera la velocidad que le lleva hacia otra y nueva crisis inevitable. El Estado democrático que esa nación dijo ser durante muchos años, ya no es el modelo confiable que deslumbra a otras naciones y personas. Tan poco es el “policía del mundo” que dice ser por su sistema político y poderío militar.
Desde las dos guerras mundiales, la economía norteamericana creció enormemente; desarrolló la industria armamentista hasta llegar a convertirse en una de las principales potencias del globo terráqueo. Pero hoy día, su primacía va en declive debido a múltiples factores internos y externos. El auto vanagloriase de ser un país vigorosamente democrático está entredicho.
En la actualidad EE. UU. es una democracia en dificultad
Las firmas Gallup y Fundación Charles F. Kettering, realizaron en el 2025 un estudio sobre “Cómo viven los estadounidenses su democracia”, y los resultados no son prometedores. El análisis revela que un número importante de la población estadounidense entiende que el país vive tiempos tumultuoso en la política. “Momentos marcados por una polarización extrema, un rápido cambio social y una profunda ansiedad económica”. (Gallup y Charles F. Kettering, 2025).
Tres de cada diez ciudadanos entrevistados entienden que la clase política no está comprometida con una democracia fuerte. Más de cuatro, de cada diez, no creen en que sus líderes estén comprometidos con tener una democracia sólida.
Estados Unidos está viviendo momentos difíciles por la falta de confianza en su liderazgo político. Y con todo lo que viene haciendo el presidente Donald Trump, la incredulidad aumenta y distancia a ese país de eso que dijo ser hace tiempo: “el garante de las libertades democráticas del mundo” y el “policía universal”.
Aunque muchos se resisten a creerlo, todo indica que el escenario de EE. UU ha cambiado; sobre todo, por los múltiples problemas que coexisten en sus propias entrañas. Una de las principales razones de su decadencia se debe, precisamente, a la falta de credibilidad de sus líderes, los cuales, históricamente, han metido a esa nación en conflictos y guerras.
Una vieja y absurda excusa para los conflictos con otras naciones
Por décadas, la estrategia estadounidense, para defender sus intereses, se ha centrado en tratar de contener las ideologías opuestas a su sistema capitalista.
El avance de ideas progresistas vinculadas al socialismo y la expansión comercial y política de China y Rusia en la región, son de las razones absurdas que mueven a EE. UU. a justificar el hacer la guerra. Una actitud ambiciosa que ayer sirvió para inflar su economía pero que hoy podría tener un efecto contrario y agudizar los problemas económicos internos.
Recientemente, EE. UU. atacó a Venezuela, y dice, descaradamente su presidente Trump, que una de las motivaciones principales de hacer la guerra a Venezuela y la región es económica: control de recursos naturales (petróleo, tierras raras, rutas comerciales estratégicas, hegemonía política, entre otras).
Sus manos de choques están también en el Oriente Medio, estimulando el derrocamiento de gobiernos como el de Irán. Lo propio vienen haciendo contra Palestina, al oxigenar el conflicto para que Israel termine con el combatiente pueblo palestino. El aspecto ideológico de creerse superior a todos para expandir influencia siempre ha estado en las mentes de los que dirigen el sistema político y económico capitalista de EE. UU.
A ese sistema político no le ha importado las consecuencias endógenas y exógenas de sus prácticas guerreristas, las cuales arrastran a tanta gente buena que forman parte de la sociedad norteamericana.
Han violado la soberanía nacional de decenas de naciones, llevando inestabilidad política e instalando dictaduras y gobiernos serviles que, cuando dejan de ser útiles a sus propósitos, los derrocan bajo falsas acusaciones: posesión de armas nucleares, terrorismo, narcotráfico, entre otras.
En el pasado las motivaciones para invadir y matar eran el comunismo y socialismo; en la actualidad eso se mantiene, pero con un sutil disfraz, puesto que una parte importante del mundo comprende que esas corrientes ideológicas no son el monstruo que el imperio ha querido proyectar desde los tiempos de la guerra fría.
Sus erradas políticas de agresión han creado un gran movimiento global de resistencia y resentimiento antiestadounidense, el cual se pensaba había desaparecido, pero no, ha resurgido en todo el planeta con más fuerza.
Cientos de países condenan las acciones en contra de Venezuela y llaman a la liberación del presidente Maduro y su esposa. Secuestrados ambos el 3 de enero en un hecho que viola todos los derechos internacionales de soberanía de los pueblos por la acción perpetrada y que dejó cientos de muertes.
La larga historia de injerencias e invasiones en las Américas y otros confines, desde hace siglos y hasta la actualidad, con el caso reciente de la patria de Bolívar, son por intereses económicos, geopolíticos, estratégicos e ideológicos.
Por esas razones de la lógica imperial, EE. UU. mira hacia todas partes del mundo, descuidando, incluso, su propia gente en su territorio, llegando a profundizar los problemas internos que están provocando protestas en zonas importantes de esa nación.
La pobreza y falta de servicios en EE. UU. arropa a “nativos” e inmigrantes
- UU. tiene una población de 348 millones de habitantes, aproximadamente, compuesta por 53 millones de extranjeros, de los cuales el 15.8% de inmigrantes son de México, de la India y China, principalmente. La población hispana, según cifras de la Oficina del Censo de EE. UU. del 2024-2025, la integran 68 millones de habitantes, un 20% de la población.
Con ese aumento de la población, EE. UU. pasa por momentos complicados debido a la falta de cobertura de los servicios de salud, los altos costos de alimentos, las desigualdades sociales y la lucha permanente y decidida de los inmigrantes porque se cumplan sus derechos elementales.
La escasez de viviendas, el aumento de personas sin hogar, la mejora de la educación, así como las adiciones a las drogas, llevan a ese país a enfrentar grandes desafíos. A esos problemas estructurales de pobreza se suma la desigualdad de ingresos y acceso limitado a servicios básicos como consecuencia de un sistema predominantemente privado y con insuficiente red de seguridad social.
La pobreza en EE. UU. se intensifica con debates relacionados con el impacto de políticas económicas y la necesidad de ajustar las medidas para reflejar mejor el costo de vida. El año pasado (2025) la pobreza en EE. UU. fijó una canasta básica en 32,150 dólares anuales para una familia compuesta de cuatro personas, y de 15,650 dólares para dos personas. (Oficina del Censo de EE. UU., 2025).
Es decir, el costo promedio mensual de alimentos para una familia de cuatro o más miembros en EE. UU. es de 2,600 dólares, aproximadamente. (Esos montos pueden variar según opción, calidad y precios en los alimentos).
Los salarios mensuales, de los “nativos” e inmigrantes, varían significativamente entre 2,000 a 3,000 dólares. Si se considera la contribución fiscal que esta población tiene que hacer a la economía de EE. UU., se puede decir que su aporte es significativo, ya que más de 100 millones de dólares en impuestos federales, estatales y locales impactan sus bolsillos.
Se mantiene en EE. UU. una marginalidad social profunda y amplia
La marginalidad social en EE. UU. se manifiesta en altísimas desigualdades de ingresos y riquezas, afectando desproporcionadamente a minorías étnicas, mujeres y personas con menor educación, resultando en pobreza persistente en millones de personas.
Desde EE. UU. se promueve la idea de que el país de las grandes oportunidades se mantiene como la escultura del toro de los testículos grandes que se erige en el Wall Street de Nueva York, símbolo de fuerza y poder, pero no es cierto, ya que la falta de acceso a oportunidades está presente en las calles de ese país, impactando seriamente a la comunidad en sentido general.
La población busca múltiples formas de trabajos para sobrevivir y, a pesar de ser una nación rica en recursos, en los últimos años ha generado exclusión social y económica para grupos vulnerable; casi 1 millón de personas se han visto sin hogar entre 2023-2025.
En la actualidad, la pobreza de EE. UU. es estructural, más de 40 millones de personas viven en la indigencia, y a pesar de los recursos disponibles, debido a causas de inflación y desempleo, el 1% de la población posee la mayor parte de las riquezas y el resto lucha para sobrevivir manteniéndose dentro de una burbuja de efecto placebo.
El Producto Interno Bruto de EE. UU. se soporta en los inmigrantes
El PIB de EE. UU se muestra como el más grande del mundo, con estimaciones recientes que lo sitúan alrededor de los 30.5 billones de dólares, consolidándose el país como la principal potencia económica global, indicadores de bienes y servicios que en gran medida dependen de los inmigrantes.
Los sectores que concentran mayor riqueza son los de servicios de tecnología, finanzas, salud, educación y entretenimiento, impulsando gran parte del Producto Interno Bruto (PIB) y la acumulación de patrimonios multimillonarios.
La bonanza de ese PIB beneficia a los sectores antes mencionados, no obstante, la mayoría de los sectores y trabajadores de bajos salarios, envejecientes, jóvenes y discapacitados están distantes de ese crecimiento económico que exhibe la clase dominante. La pobreza va en aumento.
- UU. es un país que viola los derechos humanos
Los derechos humanos en EE. UU. son violados constantemente, así lo indican los reportes de Amnistía Internacional y Human Rights Watch, los cuales acusan al gobierno de EE. UU. de racismo institucional, violencia policial, represión contra activistas de derechos humanos y discriminaciones sistémicas socioeconómicas.
Se le acusa de incumplimiento a los tratados internacionales de derechos humanos. La policía mata a ciudadanos indefensos por simple sospecha de terrorista o porque proteste en contra de algún problema social.
Hace varias semanas, en Minneapolis, el Servicio de Inmigración y Control de Aduanas le quitó la vida a una señora que transitaba en su vehículo. Renee Nicole Macklin Good fue asesinada de varios disparos, tenía 37 años y era una poeta, escritora y madre de tres hijos.
Semanas después unos agentes federales mataron a un residente de Mineápolis de 37 años, el Sr. Alex Jeffrey Pretti, que trabajaba como enfermero en cuidados intensivos y fue vilmente asesinado por protestar en contra de las redadas migratorias.
La población se ha lanzado a las calles condenando ambos asesinatos; llevan semanas consecutivas y han reaparecidos los “Panteras Negras”, un grupo de civiles armados. Los medios de comunicación reportan a cientos de personas golpeadas y arrestadas, se ha dispuesto de un fuerte ejército de agentes que no ha podido detener las olas de protestas mientras las grandes cadenas y medios informativos del sistema silencian los hechos.
La población de EE. UU. hundida en el consumo de las drogas
Según la Encuesta Nacional sobre Consumo de Drogas y Salud (NSDUH) de Estados Unidos, aplicada en el 2024; el 48,4 millones (16,8 %) de estadounidenses de 12 años o más padecieron un trastorno por consumo de sustancias narcóticas.
1.27,9 millones de estadounidenses de 12 años o más padecieron un trastorno por consumo de alcohol en 2024. El 51,2 por ciento de la población mayor de 12 años del país ha consumido drogas al menos una vez en la vida.
Es un país que no solo sus condiciones económicas se están viendo carcomidas, sino el tema moral, de credibilidad, de irrespeto a las soberanías de los pueblos, sus procesos electorales cuestionados, su pobreza interna, el consumo de drogas, en fin, una nación con serios problemas que oscurecen su futuro.
En este 2026 los estadounidenses conmemorarán el 250 aniversario de la firma de la Declaración de Independencia de esa nación. Realizarán eventos conmemorativos y seguirán ufanándose en ser una sociedad democrática. Pero lo cierto es que EE. UU., a toda luz, está tirando sus últimos tiros para tratar de salir de su crisis social, política y económica interna. Y para permanecer como una potencia que ya no es, invadirá, amenazará, asesinará y dará más de un zarpazo.
Fuentes consultadas:
- Gallup y Fundación Charles F. Kettering, estudio sobre “Cómo viven los estadounidenses su democracia”, 2025.
- Oficina del Censo de Estados Unidos, 2024-2025.
- Encuesta Nacional sobre Consumo de Drogas y Salud (NSDUH) de Estados Unidos, 2024.
- Amnistía Internacional y Human Rights Watch, Derechos Humanos en EE. UU., 2025.