Por Fidelia Rincón Pascua
Cada 8 de marzo nos convoca la memoria de las luchas de la historia. nacida en la clase obrera, con las mujeres trabajadoras como centro ellas que enfrentaron explotación, precariedad y violencia en el corazón del capitalismo industrial hasta la misma muerte.
Este 8 de marzo nos encuentra en un presente atravesado por avances importantes, si es verdad, conquistas que no pueden negarse. Pero también nos encuentra con muchas deudas históricas, con demasiadas vidas aún en riesgo, con demasiadas batallas por librar.
Vivimos un tiempo de resistencias conservadoras que se reorganizan, nuevas formas de desigualdades que se afinan, racismos que se maquillan, nacionalismos hipócritas que predican moral mientras administran exclusión, discriminación y muertes. Se invoca a Dios para legislar sobre los cuerpos de las mujeres, haciendo que la fe sea castigo sin juicio, así como en la fiebre del oro, indios vivos por cristianos muertos, mujeres libres por mujeres violadas, ultrajadas y masacradas.
En nombre de la santidad, se condena a niñas, adolescentes y mujeres a gestar el fruto del horror: embarazos producto de violaciones, por adultos que debían ser sus protectores, por personas en quien se confiaba. Se les obliga a llevar en su propio cuerpo los puñales candentes de la moral rancia y putrefacta del poder, del poder de la justicia que con los ojos cerrados condena siempre a las brasas los pies descalzos.
En este punto la lucha de las mujeres es la lucha por la justicia social, es por la deuda que todavía pagamos en nuestros propios cuerpos. Esta es la violencia que se normaliza desde los púlpitos y se consolida en los códigos y en los contratos de una sociedad que necesita ser humanizada desde el compromiso amoroso y de cuidado no desde el poder destructor.
El Estado legisla desde el miedo y la complacencia a X grupos olvida la justicia, deja de ser garante de pleno derechos y se convierte en cómplice activo y permisivo del sufrimiento de los nadie, de las nadie. Al conmemorar este 8 de marzo también es denuncia, memoria, lucha, resistencia y un llamado al reconocimiento de los logros la consolidación de las ideas de los aportes de los grupos diversos y de los tiempos.
Reorganizarnos y avanzar juntas en todo lo que nos une y avanzar hacia nuestras luchas particulares que también son justa. La bandera que nos convoca tiene que ser la justicia, inclusión, el respecto a la vida a la dignidad a la igualdad por ser humana/humano.
Ya no, nos queda tiempo para divisiones ahora es tiempo de la gran unidad es tiempo de las “Mujeres Pluriversal” ellas, nosotras, aquellos, todas/todos los que creen que el camino a la paz es la Justicia Social