Por Berny R. V.
El Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas, en su Artículo 1 y párrafo 2, sobre la Igualdad de derechos y libre determinación de los pueblos, establece las formas de relación de las naciones.
El texto abarca el principio de la libre determinación y el derecho de los pueblos a decidir su propia forma de gobierno, independencia, autonomía, referéndums, elecciones y legitimidad de los gobiernos.
Se trata de principios elaborados después de las dos guerras mundiales, con el propósito de orientar a los países del mundo sobre el bien cuidar y fomentar las relaciones de amistad entre las naciones basada en el respeto.
Con el bombardeo de Estados Unidos a Venezuela, se pone en evidencia que esos principios han pasado a ser papeles muertos, toda vez que el presidente de esa nación, Donald Trump, ordenó a las Fuerzas Armadas atacar al territorio venezolano y proclamarse al mismo tiempo “gobernador” de ese país.
Los países latinoamericanos podrán autoproclamarse libres e independientes según los principios del derecho internacional definidos por Naciones Unidas, no obstante, a partir de la lógica imperial, si una nación de esas posee alguna riqueza natural estratégica, ella deberá pasar, a la buena o a la mala, a las manos del imperio norteamericano.
Meterse en los asuntos internos de cualquier nación resulta fácil para quien tiene poder militar y lo ejerce sin reparo pisoteando los convenios del derecho internacional de los pueblos.
Y cuando los afanes de la “potencia” buscan hacer su propio plan para sobrevivir, entonces los métodos injerencistas que implementa suelen ser combinados: acusaciones falsas, narrativas perversas, violencia, compra, soborno, invasión y muerte.
Ese escenario amenazante pone en riesgo a los países de la región por la actitud insaciable de dominio de EE. UU. y la fragilidad institucional de los organismos internacionales que deben velar por los derechos internacionales de soberanía y autodeterminación de las naciones.
Ninguna potencia en decadencia, como aseveran analistas políticos que dicen que Estados Unidos se encuentra en crisis, tiene derecho a agredir a otro país con el pretexto de acusaciones inventadas con propósitos hegemónicos. No importa las complicidades que desde adentro se tejen con nacionales del país que se pretenda tomar a la fuerza y subordinar.
¡No a la injerencia sobre nuestros países!
Para detener esas intenciones imperiales sobre los pueblos de América, los países de la región tendrán que cerrar filas. Organizarse y prepararse en todos los órdenes posibles: político, diplomático y militar.
La unidad de los pueblos latinoamericanos para luchar por sus derechos es una respuesta contundente para zafarse de las manos imperiales. El llamado a la unidad de los pueblos es la solución, sin embargo, esa unidad debe proyectar rostros de líderes regionales de la talla de Fidel Castro.
Que los ataques de Estados Unidos a países de la región unan a los pueblos de América. Que la ambición de EE. UU. de apropiarse de los recursos naturales de países de la región sea el lugar donde en vez de extenderse como potencia ayude a precipitar su caída…